GABRIELA O. Superviviente de Violencia de Género.

Gabriela O. sobrevivió a la violencia de género y puede contar su historia. Las miles de mujeres asesinadas, no. 

“Los primeros años con Mario fueron buenos. Era compañero, de buen carácter… un tipo divino. Lo conocí trabajando de limpieza en una empresa. Él hacía mantenimiento. Al principio yo no quería saber nada, con mis cinco hijos de mi matrimonio anterior tenía suficiente. Pero la dueña de la empresa me empezó a animar: “Dale, es buen tipo. Vos necesitás un compañero, yo creo que con él podés llegar a algo”. Y la verdad es que los primeros años no fueron nada malos.

X1 Gabriela O. Superviviente.grettasaavedra

A los meses de estar de novios, alquilamos una casa por Pilar. No era muy grande, pero estábamos contentos. Yo quería formar una familia, darle un papá a mis hijos. 

Al contrario de lo que había pensado, la convivencia nos resultó fácil al principio, todo iba bien hasta que empezaron las agresiones. Ahora sé que eso de putearme, de controlarme, de convertirme en una cosa de su propiedad, es maltrato psicológico. En ese momento pensé que estábamos pasando por una mala etapa, o que estaba nervioso por algo. ¡Si hubiera sabido, si hubiera tenido información! Porque las amenazas, el chantaje emocional y las puteadas son lo que viene primero, ahora lo sé. Después vienen los golpes.

Empezó conmigo, pero siguió con el maltrato a mis hijos. A Mía, mi hija mayor, que en ese momento tenía 12 años, la convirtió en su “espía”: no sé con qué cuento la convenció de que ella tenía que anotar todo lo que pasaba en la casa cuando él no estaba. Le dio instrucciones: “Anotá a qué hora se va tu mamá, a qué hora llega, qué ropa se pone, con quién habla. También anotá lo que hacen tus hermanos”. 

Cuatro años después quedé embarazada de mi sexta hija. Era una bebé hermosa; le pusimos Ana y nos fuimos a vivir a San Miguel, a una casa que nos prestaron sus padres, cerca de su familia y amigos. Y entonces, todo empeoró.

Él empezó a salir casi todas las noches, volvía borracho, a cualquier hora y me obligaba a tener relaciones. Yo no quería, pero me dejaba para que los chicos no escuchasen los insultos, los gritos, los ataques de ira que le agarraban cuando le decía que no. Así que me dejaba violar, porque esa es la sensación que te da y hoy no me avergüenza decirlo: mi marido me violaba. 

Cuando los chicos crecieron empezaron a enfrentarlo; no se bancaban sus contestaciones, su maltrato. Él se ponía más loco todavía, gritaba, rompía cosas, nadie podía contradecirlo y menos ellos que “ni quisiera son mis hijos”, decía.

Inútil y puta eran sus insultos preferidos, aunque a mi ya no me hacían nada. Lo que más me dolía era cuando le gritaba a los chicos ¡Inservibles! ¡Boludos! Ahí la impotencia me crecía como un monstruo en el estómago. Una piedra que de tan pesada no me dejaba ni reaccionar. 

Yo creía que vivía un infierno, pero no me imaginaba lo que vendría después, cuando empezaron los golpes. Ninguna mujer piensa que va a llegar a esto y al principio lo tratás de justificar, de entender, pero entrás en un círculo que no termina, ni siquiera cuando te pega por primera vez. 

Mis hijos, pobrecitos, crecieron en este ambiente de tanta violencia. Yo siempre intentaba frenarlos para que no lo enfrenten, para que no les pase nada a ellos. Un día, Nacho, que ya tenía 16 años, se fue a vivir a la casa de un primo porque la situación no daba para más. Entonces, Mario tomó al más chico como “su preferido” y se lo llevaba a la noche, de joda. ¡Tenía siete años mi chiquito! Y este tipo lo hacía tomar alcohol, fumar, presenciar situaciones horribles. 

Una de las tantas veces que me violó quedé embarazada otra vez y los meses de embarazo que siguieron fueron los de mayor estrés: intentando que no me pegue, que no se acerque a los chicos, buscando la forma de salir de esta historia que ya no daba para más. 

El día anterior a que nazca mi beba, Lili, la de 17 años, llegó a la casa con un novio. ¡Para qué! Mario desató toda su furia, echó al pibe, empezó con las puteadas y terminó, como siempre, golpeándome. Ni los ocho meses de embarazo lo frenaron, ni mis súplicas porque me dolía tanto el abdomen que sospechaba que se me iba a adelantar el parto. Y eso fue lo que pasó; a pesar de faltar todavía unas semanas para la fecha, a los dos días tuve a mi beba, así toda golpeada como estaba. 

Nadie, ni un solo médico o enfermera, me preguntó qué me había pasado en la cara. ¡Ninguno! ¿Ni siquiera sospecharon cuando no dejé que Mario entrara a la sala de parto? Yo estaba pidiendo ayuda de manera silenciosa, como podía, y nadie pudo o quiso dármela. 

Cuando lo cuento la gente no puede creer que una viva sometida tantos años. En mi caso fueron 16, una eternidad, pero es muy difícil salir del laberinto. La dependencia económica te termina atando y la poca información a la que se accede, también. ¡Ni hablar cuando vas a hacer una denuncia! Algunas amigas ya me habían advertido que pocas veces se ponen del lado de la víctima. Pero un día junté valor.

A pesar de las evidencias en mi cuerpo, la perimetral solo dura tres meses. Luego, si no hay golpes, no la renuevan. Es increíble. Además, el juzgado no hace un seguimiento de los casos y olvídate de la asistencia para la víctima y sus hijos. 

***

Logré estar un año entero sin él hasta que empezó a acercarse nuevamente diciendo que había cambiado, que se había hecho evangelista, que ya estaba bien, que quería volver a estar conmigo y sus hijas.  

Una tarde me pidió que lo acompañe al Templo, y así, de a poco, sin que me diera cuenta, volvió a tomar el control. Otro día entró a la casa y ya no se volvió a ir. No sé cómo pude volver a confiar en él, en sus mentiras, lo veía más tranquilo, cambiado.

Pero la paz duró un tiempo muy corto, hasta que los golpes comenzaron de nuevo. Ahí sí junté valor y con ayuda de mis hijos más grandes, ahorré la plata para irme. Tuve que dejar la casa para recuperar mi vida. 

***

Hace un año que soy libre, que en realidad es una forma de decir. Mi cuerpo es libre y ya no tengo moretones, pero mi alma quedó muy herida y estoy en alerta constante. Entre otras cosas, porque mis hijas aun tienen vínculo con él: como las nenas tienen 12 y 14 años ya pueden decidir, nos informaron en el juzgado, y ¿qué pasa? Ellas se criaron en ese ambiente de violencia, no son plenamente libres, siempre actúan pensando en las consecuencias, con miedo. Como me pasa a mi, su “libertad para elegir” no es total.

Por ejemplo, cuando se tienen que ir a la casa del padre, la menor llora dos días antes sin parar. La mayor, que es más callada, no dice nada; agacha la cabeza. Porque el día que se animó a decirle al padre que lo que estaba haciendo no estaba bien ¡le pasó lo mismo que a mi, pobre hija mía! Vino llorando y me dijo que contó uno, dos, tres golpes y después ya dejó de contar. Vino con la boca rota de los golpes, mi chiquita. Y después de eso, ella, que es tan víctima como yo, dijo que tenía que seguir yendo a lo del padre porque si no “él se va a enojar”. 

Las víctimas de violencia de género necesitamos de verdad, no solo en las propagandas, que el Estado nos acompañe. Cada vez que tengo que hacer una denuncia pierdo un día de trabajo, porque son horas que hay que destinarle. Ahora trabajo de empleada doméstica, si no voy, no cobro y más que nunca necesito la plata para mantenernos, porque él no aporta nada. Y, por supuesto, lo más importante, necesitamos asistencia psicológica, nosotras y nuestros hijos. No es fácil entender que durante años, a-ñ-o-s, fuiste sometida. Sin ayuda es muy difícil que podamos salir adelante.

***

¿Estás siendo maltratada?

  • ¿Te insulta? ¿Te amenaza? ¿Te hace sentir estúpida?
  • ¿Hace comentarios humillantes delante de tus hijos/as o de cualquier otra persona?
  • ¿Te impide ver a tu familia, tener relaciones?
  • ¿Te obliga a mantener relaciones sexuales aunque no quieras?
  • ¿Decide sobre lo que podés o no podés hacer?
  • ¿Ejerce un control total sobre el dinero, incluso sobre el tuyo propio?
  • ¿Valora tu trabajo de forma despectiva?
  • ¿Cuándo se enoja, te empuja o golpea de alguna manera? ¿Rompe cosas?
  • Te dice cosas como “¿A dónde vas a ir?»
  • ¿Te ignora, no te habla o no te escucha cuando hablás?
  • ¿Te dice que sos una inútil y nada de lo que hacés está bien?
  • ¿Llega a darte miedo en algunos momentos?
  • ¿Se muestra especialmente celoso sin razón, acusándote de coquetear con unos y con otros?

” Si contestas sí a alguna de estas preguntas, estás siendo maltratada y tenés que buscar ayuda, porque es un hecho demostrado que los maltratadores no van a dejar de serlo.

Además de serios daños físicos, la violencia familiar causa en las víctimas trastornos emocionales que serán más profundos y duraderos cuanto más tiempo dure la relación:

  • Baja autoestima.
  • Interiorización del machismo, dependencia del varón y en general de todas las figuras de autoridad.
  • Tienen depresión profunda: falta total de esperanza, se sienten sin fuerzas, respuestas emocionales muy limitadas, altos niveles de autocrítica y baja autoestima.
  • Tienen miedo, estrés, conmoción psíquica aguda, ansiedad y desorientación.
  • Dolor corporal permanente por estar en estado de alerta constante.
  • Incomunicación y aislamiento provocado por el continuo desamparo social.
  • Tienen sentimientos de subordinación, dependencia y sometimiento.
  • Sentido de culpabilidad. Ellas mismas se sienten culpables de la situación.
  • Están desmotivadas y tienen una profunda ausencia de esperanza.
  • Incertidumbre, dudas e indecisiones por bloqueo emocional.
  • Falta total de esperanza.
  • Impotencia/indecisión: Carecen de poder interior para superar los problemas.
  • Se crea el “síndrome de la mujer maltratada”, que es parecido al síndrome de Estocolmo, donde uno se identifica con la figura de poder y de valor, en este caso el marido.
  • Vivencia y transmisión de roles sexistas.
  • Tienen poco o nulo margen en la toma de decisiones con lo que respecta a la vida de pareja y a la suya propia.
  • Padecen a veces trastornos alimentarios severos como anorexia o bulimia.
  • Trastornos del sueño.
  • Irritabilidad y reacciones de indignación fuera de contexto.
  • Frecuentes trastornos de alcoholismo y de ludopatía.
  • Baja interiorización de valores sociales y democráticos.

 

Factores que mantienen encadenadas a las mujeres maltratadas

  • El amor romántico como adicción y dependencia.
  • La creencia mágica de que él cambiará.
  • El miedo, tanto a cómo te hace sentir como a lo que pueda hacer el maltratador si no te seguís mostrando sumisa. 
  • La convivencia: “Él es el bueno y yo soy la mala. Si me trata así es por que algo malo hice»
  • El Síndrome de Estocolmo, se da principalmente en secuestros de larga duración, en los que la víctima llega a identificarse con el maltratador para intentar ganarse su simpatía y salvar así su vida.
  • La dependencia económica y el aislamiento social.

¿Qué podes hacer si estás siendo maltratada?

  • Denuncia al maltratador, denuncialo a la policía, esto es crucial para que no pierdas todos tus derechos por abandono del hogar.  No olvides tu DNI y el de tus hijos
  • Contárselo a alguien

Pedí ayuda, grita que te está lastimando!

Producción de biografía:

Gretta Saavedra

Código de vinculación.

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“Altar Mujeres SXXI  #vidasenlucha”  es  un laboratorio/instalación transdisciplinario en cruce con la perspectiva de género, que sintetiza el trabajo de una plataforma dedicada a la investigación y producción de obra. Un archivo global de todos los tiempos y culturas.

Página web Proyecto/archivo “Altar Mujeres SXXI  #vidasenlucha”

Pagina del archivo Face https://www.facebook.com/altarmujeressxxi/?modal=admin_todo_tour

Dirección y responsable del proyecto:Silvia Barrios

Para sumarte a la propuesta: silviabarriosarte@yahoo.com.ar

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